Llevaba años enamorada de Marrakech. De sus colores, sus olores, sus contrastes, de perderme entre los zocos y acabar siempre queriendo volver. Vine por primera vez hace veinte años, y durante mucho tiempo soñé con traer a mi hija. Este fin de semana, por fin, ocurrió. Porque los viajes no son solo los lugares que visitas, sino también cómo los vives.
Dormir
Nos alojamos en Nobu Marrakech. Más allá de la belleza del lugar, me quedo con los detalles: la calidez de todo el equipo, el hammam, las clases de pilates y la sensación de sentirnos cuidadas desde el primer minuto.
Ver y hacer
- Una mañana regateando en el zoco, y después refugiarse en la piscina.
- La Madraza.
- El Jardín Majorelle y el Museo Yves Saint Laurent.
Comer
- Cena omakase en Nobu.
- Ver caer el sol desde el rooftop del hotel.