Universo propioHablando de arte y funcionalidadEn el taller de Nicole Furman
Una visita a la diseñadora de alta costura Mariela Torres, de la firma Soucy, y a las obras de arte de su casa; una botella de mesilla de noche diseñada por Josef Hoffmann que perteneció a su abuelo; y el taller de la artista Nicole Furman, con sus mariposas, helados y tartas de cerámica.
Por Johanna von Müller-Klingspor¡HOLA! Living, págs. 116-117

Universo propio
Cuando empecé esta sección, me preguntaba cómo sería posible encontrar, mes tras mes, personas talentosas y artísticas de las que hablar. Con el tiempo he entendido que no solo no es complicado, sino que el talento abunda. Y quizá la mayor suerte ha sido descubrir que muchos de esos talentos han estado siempre cerca; simplemente he empezado a mirarlos con otra lente, la de quien escribe para revelarlos a los demás. Así llego hoy a Mariela Torres, gran amiga mía, cuya vocación por la alta costura se manifestó desde muy pequeña. Recién instalada en Madrid, la visito en su casa excepcional, un espacio lleno de arte y sensibilidad, donde cada objeto parece dialogar con el siguiente. Allí, Mariela me cuenta que, para ella, diseñar va mucho más allá de crear un vestido: es una manera de conectar con las mujeres, con su esencia y con su historia personal.
Su especialidad son los trajes de boda, y habla de ellos con una emoción sincera. Ser parte de un momento tan íntimo y trascendental la conecta profundamente con las personas, incluso más allá del diseño. Su nivel de detalle es impresionante, casi obsesivo, y revela una mirada delicada y profunda sobre la feminidad.
Entre conversaciones, me muestra algunas de las obras que habitan su casa. Desde el cuadro de La Nube hasta unas esculturas de Jaume Plensa, con sus máscaras silenciosas, que para Mariela son una alegoría de cómo los seres humanos también nos ponemos máscaras para habitar el mundo.
También hay espacio para el juego y la ironía, como la camisa de seda que llevaba puesta, bordada a mano con un ojo y una ‘U’, un ingenioso juego visual que podía leerse como I see you o You see; pequeñas genialidades que definen su universo creativo y su marca, Soucy. Confirmo que el talento, cuando se mira de cerca, siempre está más cerca de lo que creemos.


Hablando de arte y funcionalidad
Ya que estamos hablando de arte, quería compartir una pieza muy especial de mi casa: una botella de agua con su vaso, pensada para la mesilla de noche, diseñada por Josef Hoffmann. Hoffmann fue una figura clave de la Viena de principios del siglo XX, cofundador de la Wiener Werkstätte y defensor de un diseño donde la belleza debía ser, ante todo, funcional. Esta pieza, en vidrio color rojo burdeos, une utilidad y elegancia con absoluta naturalidad. Siempre estuvo en la mesilla de mi abuelo, y para mí es un objeto cargado de historia, memoria y modernidad atemporal.

En el taller de Nicole Furman
Visitar el taller de Nicole Furman es adentrarse en un universo inesperado, vibrante y lleno de color. Nicole, amiga y artista plástica especializada en cerámica, ha construido un lenguaje propio que seduce a primera vista, pero que cobra una profundidad aún mayor cuando ella misma lo explica. Todas sus piezas son atractivas, casi lúdicas, pero detrás de esa belleza hay un discurso potente y muy reflexivo.
Gran parte de su obra gira en torno a la mujer. Un ejemplo son sus cuadros con mariposas, símbolo central de su trabajo. Para Nicole, las distintas fases de transformación de una mariposa se asemejan profundamente a las etapas vitales de una mujer: cambios, pausas, renacimientos y evolución constante. Otra de sus series más conocidas son los conos de helado coronados por cabezas de bebés de distintos colores. Con ellos, plantea una crítica tan directa como irónica: muchas veces deseamos a los hijos “a nuestra medida”, como si bastara con elegir un sabor en una heladería, cuestionando así ciertas idealizaciones de la maternidad. También destacan sus tartas con lenguas, piezas cargadas de simbolismo sobre el poder de las palabras, lo que decimos y lo que nos permitimos callar. Nicole Furman es un verdadero descubrimiento. Y cuanto más se profundiza en su obra, más claro queda que merece ser vista, pensada y sentida con calma.




