La colección de Juan y Patricia VergezAlegría en un vasoUn lugar de ensueño
La colección de arte de Juan y Patricia Vergez; los vasos de vidrio soplado a mano de un artesano de Barcelona; y unos días con amigas de la infancia en un hunting lodge en los bosques de Windsor, en Canadá.
Por Johanna von Müller-Klingspor¡HOLA! Living, págs. 114-115

La colección de Juan y Patricia Vergez
El matrimonio argentino de los Vergez atesora una importante colección que es un must para los amantes del arte. Juan desarrolla su actividad profesional dentro de la industria farmacéutica y Patricia es una de las mujeres más polifacéticas que conozco; profesora de literatura inglesa, también compone y canta, entre otras de sus muchas cualidades. Basta una conversación con ella para saber que esta enigmática mujer tiene mucho por descubrir. Han participado en el panel para coleccionistas de Art Basel y Arco y recibido innumerables reconocimientos por su labor en el mundo del arte. Cuando les pregunté acerca de su colección y si tenía un tema central, me encantó su respuesta. Comenzaron con arte latinoamericano hasta que un día vio una obra de un artista europeo que la atrapó, y entonces se planteó lo siguiente: ¿por qué limitarse, pudiendo incluir tanto talento existente? Fue así cómo la colección dio el salto para incluir “obras que nos hablen y lleguen al alma”. ¿Qué mejor criterio que ese? El día de mi visita presentaban una instalación espectacular del artista Andrés Reisinger, The Smell of Pink, sin duda una estimulación para todos los sentidos. Obras de Alicja Kwade conviven con las de Reinhard Mucha o Rirkrit Tiravanija; una verdadera maravilla.

Alegría en un vaso
El vidrio es uno de mis materiales predilectos. De pequeña solía ver con fascinación cómo se fundía y volvía líquido. Mi abuelo tuvo una fábrica de fibra de vidrio y quizás de allí me viene el tema, por eso me gusta invertir en buenas piezas. Un buen vaso soplado a mano eleva cualquier bebida.
A través de mi amiga Iria conocí a un artesano en Barcelona llamado Xavier; sus piezas me cautivaron y no me pude resistir a comprar unos vasos/escultura que hoy en día son el recipiente de los cócteles que diseñó mi amigo Diego Cabrera para El Velázquez. Como él suele decir, un cóctel es alegría en un vaso; si el vaso es una obra de arte, ¡pues mucho mejor!
Fotos: Rafael Sánchez

Un lugar de ensueño
La felicidad no solo radica en los lugares, sino en pasar en ellos un tiempo de calidad, como recargar pilas con mis amigas de la infancia, tal como hice visitando a Marianella Pacanins en su idílico hunting lodge en el bosque canadiense que rodea la localidad de Windsor. La guinda del pastel, poder compartir ese tiempo también con mi hija Arianna y ver cómo ella y Charlie, ya la cuarta generación, continúan con la amistad.
La diáspora venezolana nos ha permitido explorar nuevos horizontes y echar raíces en sitios que jamás hubiésemos soñado posibles. Todo eso sin duda enriquece, pero viene con el precio de no vivir cerca de tus seres queridos en muchos casos. Por eso hago todo lo que puedo por buscar esos momentos en los que “casi” puedo parar el mundo y sentarme con mi amiga a charlar durante horas, como si tuviésemos 17 años de nuevo. Un entorno con coto de caza, pesca, bosques sin fin y la decoración soñada de esas casas con chimeneas eternas, madera y piedra que vemos en las películas, fue el marco que nos acogió. Por suerte me detuve a asimilar y agradecer no solo el sitio tan espectacular, sino la suerte de tener amigas que son hermanas.
Fotografía y texto: Johanna von Müller-Klingspor.



