Bután y Nepal: un viaje hacia adentro
Una mañana con un lama, la subida al Nido del Tigre, el bullicio de Nepal y una escala en Doha que se convirtió en dos días.

Un viaje hacia adentro. Entender otras filosofías y creencias. Aprender. Respetar. Silencio. Tiempo. Introspección.
Así fue Bután, y después Nepal: dos países vecinos con una diferencia abismal que se siente con solo pisarlos.

Bután, la felicidad es un lugar
Imagina un país cuyo eslogan es «la felicidad es un lugar», donde dicen que no reciben turistas sino visitantes, y donde el PIB se mide por el índice de felicidad de sus habitantes. Ese país existe. Lo conté con calma en mi columna de ¡HOLA! Living: Un país de fábula.
Lo que más me llevo es la suerte de pasar una mañana hablando con un lama, o de compartir con un monje una ceremonia de purificación, comer con ellos, ver cómo viven y preguntarles cómo ven la vida. Aprender, al margen de tener otra base de creencias. La fe y el querer ser mejores seres humanos no tienen barreras.

El Nido del Tigre
Un sueño hecho realidad. La subida lleva unas dos horas y no es difícil, salvo por la humedad.
Cuenta la leyenda que aquí llegó en el siglo VIII el Gurú Rinpoche, volando a lomos de un tigre desde el Tíbet. Aterrizaron en una pequeña cueva entre las piedras de la escarpada ladera, y allí meditó durante tres años, tres meses, tres días y tres horas seguidas. De ahí el nombre del monasterio.

La energía del lugar es mágica. La estampa, también.
Nepal: bullicio, colores y templos
Nepal se parece poco a Bután, y se siente con solo pisar el país y sumergirse en su bullicio, sus colores, sus olores, sus templos hinduistas y su ajetreo. Me genera fascinación, quizás por la intensidad de las diferencias, quizás porque parte de ese jaleo me recuerda a mi tierra.

Definitivamente, viajar te abre la mente y pone en perspectiva lo diversos que somos, lo variado que es el mundo y todo lo que hay por aprender. De Katmandú escribí en mi columna de ¡HOLA! Living.

Bonus: una escala en Doha
Era simplemente una escala de dos horas entre aviones, en Doha. Dijimos: ya que estamos, vamos a descubrir, aunque haga 46 grados con casi un 100 % de humedad. Las dos horas se hicieron dos días. ¿El resultado? Ver la capacidad del ser humano de construir cosas de la nada y crear armonía visual. Ver otras culturas, las entiendas o no. Y valorar la gran importancia del aire acondicionado.
