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Río de Janeiro, pero bien vivido: mis imprescindibles

Año Nuevo en Copacabana, botecos, comida de calle, samba y atardeceres: todo lo que haría otra vez en Río.

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Johanna von Müller-Klingspor en la playa de Ipanema, con el Morro Dois Irmãos al fondo

En Río todo el mundo está cómodo en su cuerpo, en su piel, en su forma de estar en el mundo. La libertad no se predica: se vive.

Río nació entre montañas, selva y mar, fundada en el siglo XVI como puerta al Atlántico. Hoy sigue siendo un puerto abierto, pero de almas. Aquí todo entra y todo se mezcla: África, Portugal, el Brasil indígena, la samba, la arquitectura, la calle, la fe, la música. Y esa mezcla no se ordena: late.

Es como un cruce imposible entre Copacabana y la Amazonia. Rocas que parecen sacadas de la bahía de Halong, selva que cae hasta la playa y una energía que es pura alegría de vivir. Río no pide permiso para ser intenso. Y quizá por eso enamora.

Mosaico de ondas blancas y negras del paseo de Copacabana

Año Nuevo: blanco, mar y fuego

En Brasil, el Año Nuevo no es solo una fiesta. Es un ritual. Vestirse de blanco es una forma de decirle al universo «vengo en paz, limpio, listo para empezar de nuevo». A medianoche el cielo se llena de fuegos artificiales, que ahuyentan las malas energías y abren el camino del año. Y al mar se le entregan flores, deseos y promesas, porque Iemanjá, la diosa del océano, recibe lo viejo y devuelve lo nuevo.

Río no celebra. Río invoca.

Yo lo viví en el Copacabana Palace, con 2,5 millones de personas bailando en Copacabana. No supero la belleza, la elegancia y la puesta en escena de esa noche. Los buffets más impresionantes que he visto jamás.

Dónde comer

Sushi y cocina asiática

Elena (nivel top), Mee en el Copacabana Palace, Sushi Leblon, Haru con 111 Music Bar y Spicy Fish.

Italiano y argentino con clase

Gero en el Fasano y Grado, los dos italianos. El brunch en Villa Santa Teresa. Y Gonza, un bistró argentino maravilloso.

Carnes y rodizio

Assador Rios, sí o sí, y con unas vistas súper. Corrientes 348, con carne argentina top. Y Malta.

Con vistas y encanto

Marine Resto, en el Fairmont. Y Território Aprazível, en Santa Teresa, para una buena feijoada.

Botecos de verdad

El boteco es el equivalente a nuestra taberna o bar. Belmonte (suban a la planta de arriba, en Ipanema), Jobi y Rainha. Y pidan un chopp bien frío, que es la caña de Brasil.

Lo que hay que comer en la calle

  • Milho verde: maíz cocido con mantequilla.
  • Açaí, pídanlo siempre.
  • Caipiroska de cajú, la fruta del anacardo. Brutal.
  • Tapioca, dulce o salada. Imprescindible.
Tapioca rellena junto a una piscina con vistas a la playa de Copacabana

Dónde vivir Río

  • El Forte de Copacabana, para un café con vistas.
  • El atardecer en Arpoador.
  • Caipirinhas en la Mureta da Urca.
  • Samba en Carioca da Gema o en Trapiche Gamboa.
  • Prainha, para un día de playa salvaje.
  • La Confeitaria Colombo y la Librería Portuguesa, joyas del centro.

Es divino levantarse temprano y pasear por la playa viendo a todo el mundo hacer deporte, tanto en Ipanema como en Copacabana. Cuanto más temprano, mejor. Un paseo en patinete por Copacabana e Ipanema es un planazo.

Sombrillas de colores en la playa de Ipanema, con el Morro Dois Irmãos al fondo

La subida al Pan de Azúcar es espectacular. Al Corcovado no llegué porque había demasiada cola, pero el mirador de enfrente tiene unas vistas igual de impresionantes. Si les gusta la arquitectura, la ruta de los edificios de Oscar Niemeyer es una maravilla. Y si tienen tiempo, el Jardín Botánico y el Parque Lage, con su cafetería.

La bahía de Río de Janeiro y el Pan de Azúcar vistos desde lo alto

Se camina con tranquilidad, obviamente sabiendo por dónde moverse.

Una escapada por la costa

Alquilamos un coche para recorrer la costa al sur de Río rumbo a Angra dos Reis, pero la lluvia tenía otros planes. El trayecto se alargó muchísimo, entre tormenta, niebla y carreteras infinitas. Y aun así fue parte de la aventura. A veces el camino cuenta más que el destino. Cien puntos al tarantín de bacalao de la carretera que nos salvó.

Y mira que yo viajo ligero, pero aquí me sobró media maleta. En Río, con unos bikinis, un pareo y unas hawaianas, estás más que servido.

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