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China en cuatro ciudades: Shanghái, Hangzhou, Lijiang y Pekín

Rascacielos en Shanghái, té y templos en Hangzhou, la China profunda de Lijiang y la Gran Muralla. Lo que viví y lo que probé en China.

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Skyline de Pudong iluminado de noche sobre el río Huangpu, en Shanghái

Aprovechar el verano para abrir la mente y descubrir nuevas culturas, comidas y costumbres. Eso fue China: cuatro ciudades, muchísimas cosas que jamás pensé que probaría y la sensación constante de que simplemente todo es diferente. Y eso es lo más fascinante.

Antes de ir: llegar y estar operativa

Llegar y estar operativa ya es una odisea en sí. No funciona WhatsApp ni ninguna plataforma digital que conozcamos. Hay que bajar las aplicaciones permitidas en China, instalar eSIMs y, menos mal, hay traductor.

Shanghái, la «Reina de Oriente»

Shanghái tiene muchas historias que contar. Su nombre significa «sobre el mar», por su ubicación en la desembocadura del río Huangpu y el mar de China Oriental. Es una de las ciudades más pobladas y modernas del mundo, con un skyline impresionante en Pudong, y alberga el puerto más grande del mundo por volumen de contenedores.

Lo que viví allí, entre rascacielos y arquitectura tradicional, lo conté en mi columna de ¡HOLA! Living: Shanghái: entre modernidad y tradición.

Hangzhou, una grata sorpresa

Pensaba que veníamos a una ciudad pequeña y secundaria, y resulta que tiene 13 millones de habitantes. De aquí salen gigantes como Alibaba. Mucha gente viene por el día en tren bala desde Shanghái, son 50 minutos, pero la magia es el atardecer en el lago y caminar sus calles de noche.

Barco tradicional en el lago de Hangzhou, con montañas al fondo
  • Dónde dormir: Amanfayun, en medio de siembras de té, respetando la arquitectura de la aldea sobre la que se desarrolló y con entrada directa al templo más importante de la zona, que además alberga una gruta con 470 budas tallados. Un plan redondo.
  • Dónde cenar: el restaurante del chef Colin Cheng, un genio realzando lo tradicional hasta lo sublime. No dejen de pedir el cerdo Dongpo y el Beggar's Chicken.
  • Después: caminar la calle peatonal antigua. Si soy sincera, eché de menos no poder comer más, porque estaba llena de puestos de comida de calle que se veían espectaculares.
Cerdo Dongpo servido en un plato blanco, en Hangzhou

El atardecer en el lago se comparte con cientos de personas, casi todas chinas: en un país de casi 1.500 millones de habitantes, el turismo es sobre todo nacional. ¿Lo mejor? Toparnos por casualidad con un concierto y darlo todo.

Lijiang y la Montaña Nevada Dragón de Jade

Esto fue una inmersión en la China profunda, cerca de la frontera con el Tíbet. Lijiang, en el noroeste de la provincia de Yunnan, es hogar del pueblo naxi y de otros grupos étnicos. Su ciudad antigua fue centro comercial en el siglo XIV y tiene calles de adoquines, canales y una plaza del mercado con tiendas y restaurantes. El lago turquesa lo es por el deshielo del glaciar, y las cascadas son formaciones espectaculares.

Cascadas en terrazas de piedra clara cerca de Lijiang

Seguí probando todo: bichos fritos, semillas de flor de loto, casi todas las frutas del mercado (durian, snake fruit, unas uvas verdes gigantes) y el mejor hot pot de mi vida, en Amandayan.

Hot pot con sus guarniciones sobre la mesa, en Lijiang

Lo más divertido: ver a cientos de novias subir en teleférico a la cima de la montaña para hacerse la foto, a pesar de las lluvias torrenciales.

Pekín

Caminar por la Ciudad Prohibida fue sumergirme en siglos de historia: el corazón del imperio durante casi 500 años, residencia de emperadores y símbolo de una cultura milenaria que sigue imponiendo respeto.

Después vino el reto de la Gran Muralla. Tocó subir torre tras torre, y yo, sin aliento pero sin rendirme. Al final las vistas lo merecían (aunque confieso que unos metros más abajo se veían igual de espectaculares).

La Gran Muralla China vista a través de un arco de piedra

Pekín también me conquistó por su gastronomía única: probé desde pepinos de mar hasta helados tematizados en cada zona turística. Y me sorprendieron el orden y la limpieza de la ciudad, en contraste con su magnitud y su movimiento. Impresionante también el Galaxy Soho de Zaha Hadid.

Los edificios curvos del Galaxy Soho de Zaha Hadid, en Pekín

La mitad del viaje fue perseguir sabores y experiencias nuevas, obsesivamente, lo admito. Y China tiene muchísimo que ofrecer.

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