Ciudad del Cabo: mis favoritos para comer, dormir y enamorarse
Viñedos en Franschhoek, pingüinos, Table Mountain y un pícnic junto al Zambeze. Mis direcciones en Ciudad del Cabo.

Ciudad del Cabo, oficialmente me robaste el corazón.
Conocer Sudáfrica era un sueño de niña. Llegué con mi equipo de 10 amigos, con los que hacemos un viaje épico cada año. Y este fue de otro nivel: por la compañía, por el sitio y porque, sinceramente, con lo que vimos no entendemos cómo no vive todo el mundo aquí.
Primera parada: los viñedos de Franschhoek
Hay lugares tan mágicos que hasta los pavorreales caminan entre los viñedos como si estuvieran en su pasarela diaria. Existen, y yo caí en uno: La Residence, en Franschhoek.

Una ciudad con todo a una hora
Hacía tiempo que no veía una ciudad con unos paisajes que te dejan sin habla. Ahora entiendo por qué todo el mundo se enamora. Un día estás en Table Mountain. Al siguiente saludas pingüinos, avestruces y tiburones como si nada. Y en un rato de sidecar ya estás entre viñedos. Todo a una hora. Todo espectacular.

La gente, pura amabilidad. La comida, peligrosa, porque quieres repetirlo todo. Y el clima, aparentemente perfecto todo el año. Tomen nota: Cape Town es una alternativa muy seria.

Mis favoritos para comer
- Marble: mi top de la ciudad.
- The Pot Luck Club: rollo tapeo, increíble.
- Harbour House: junto al mar, ideal después de ver pingüinos en el Cabo de Buena Esperanza.
- Grand Africa Café & Beach: planazo para tomar algo en la playa.
Un hotel con historia
El Mount Nelson es un hotelazo con historia. Se inauguró en 1899 y por allí pasaron desde Churchill y Agatha Christie hasta John Lennon y el Dalai Lama. En 1918 lo pintaron de rosa para celebrar el final de la guerra, y así sigue desde entonces.
Zimbabue: una mesa junto al Zambeze
Esta mesa no la puse yo, aunque diría que es la más espectacular en la que he estado. No por sofisticación, sino porque ninguna decoración compite con la naturaleza, viva, salvaje y en pleno esplendor.

A pocos pasos, el Zambeze avanza con la fuerza que da origen a las Cataratas Victoria: más de 1,7 kilómetros de ancho y cerca de 108 metros de caída. Zimbabue fue el escenario perfecto para rematar el día con un pícnic improvisado a orillas del río, con Zimbabue a un lado y Zambia al otro. Un lujo sin artificios.

Gracias, Cape Town. Volveré. Y pronto.
